LOS ERRORES más COMUNES de la ALIMENTACION MODERNA

Nuestro estresante modo de vida, nos lleva a cometer varios errores alimentarios. No dedicamos el suficiente tiempo a la preparación y la toma de los alimentos. La alimentación se ha convertido en un mero momento de saciar nuestro apetito, en vez de pensar en ello como una manera de sostener nuestro cuerpo energéticamente en función de nuestro gasto, momento, constitución, estación, … La alimentación es una base para mantener nuestra salud. Dedicar un poco de más de tiempo a la comida es dedicarse tiempo a uno mismo.

Empecemos por evitar estos errores:

  • Deficiencia de consumo de cereales de buena calidad. Mayormente, la industria agro alimentaria nos lleva a consumir productos más fáciles de conservar a costa de una peor calidad de los mismos. Evitar los cereales refinados, más fáciles de conservar, pero con un índice glucémico mucho mayor, así como una carencia prácticamente total de vitaminas.
  • Deficiencia en el consumo de verduras y frutas frescas y de temporada. Consumir las verduras y frutas de temporada. La naturaleza, en relación con la estación nos ofrece los alimentos necesarios para hacer frente a los rigores del clima. (tomates en verano para el calor, nueces en otoño para el invierno, …).
  • Exceso de productos refinados, desnaturalizados, desvirtuados. Evitar los alimentos preparados por la industria, con un exceso de sales, edulcorantes, potenciadores de sabores, azucares sintéticos, grasas trans, genéticamente modificados.
  • Exceso de alimentos fríos o helados. Los alimentos fríos, crudos, congelados nos aportan un exceso de frio al sistema digestivo. Esto también vale para las bebidas frías que consumimos del frigo. Si el paciente es muy friolero o tiene síntomas de frio, no estaría mal que tomara agua o líquidos calientes. El estómago y el bazo detestan el frio ya que ralentiza sus funciones con la posible aparición de edemas, retención de líquidos, exceso de peso, metabolismo lento, cansancio, … Podemos consumir alimentos fríos en pequeña cantidad en verano, combinando siempre con otros alimentos de naturaleza tibia o neutra.
  • Exceso de lácteos. Los lácteos son productos que producen humedad (toxinas, retención de líquidos, exceso de líquidos en el cuerpo) y frio en nuestro organismo. Buscar mejor el calcio en otros alimentos como frutos secos, verduras, legumbres.
  • Exceso de carnes y charcutería. El exceso de proteína animal, satura ciertos órganos corporales. Las carnes son en general, difíciles de digerir, nos bloquean. El consumo de la mitad de proteínas que consumimos, sería suficiente. Notaríamos una sensación de estar menos abotargados y menos agresivos. Seriamos menos Yang, y mucho más reflexivos y ligeros.
  • Exceso de alimentos o bebidas azucaradas. Son alimentos con un índice glucémico brutal. Nos acidifica el organismo con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas, cáncer, obesidad, …
  • Exceso de alimentos grasos y fritos. Remplazar por productos salteados, hervidos, estofados. Los fritos son alimentos que sacian, pero no aportan nada útil al organismo. A la larga, producen carencias y desequilibrios.
  • Comer demasiado rápido y sin masticar. Tener conciencia que estamos comiendo. Darse su tiempo para comer, digerir y transformar más fácilmente los alimentos. El comer rápido nos da hinchazón, digestiones lentas, pesadas, aires, flatulencias, regurgitaciones.
  • Picotear entre las comidas. Dejar que el cuerpo metabolice la anterior comida. Debemos llegar a la siguiente comida con hambre. El picotear produce que el estómago este siempre trabajando, por lo tanto, fatigando aún más el cuerpo.
  • No desayunar. Esta mala costumbre está relacionada con las copiosas cenas. Debemos cambiar el ciclo, eso es, cenar muy poco, para así despertarnos con hambre. Si madrugamos mucho, siempre podemos tomarnos 5-10’ para desayunar algo energético como unos copos de avena con leche o una sopa de arroz que dejamos preparado la noche anterior.
  • Comer poco y frio al mediodía. Evitar los bocadillos o ensaladas frías que mucha gente come durante el mediodía ya sea invierno o verano. Tomar comidas calientes, energéticas para aguantar toda la tarde y reponer las energías consumidas por la mañana.
  • Comer demasiado y tarde por la noche. Si no hemos desayunado y además hemos comido poco, seguramente lleguemos a la noche con mucha hambre (o ansiedad como muchos lo describen). Cambiemos ese ciclo. La cena debe ser escasa y ligera para primer dormir mejor y segundo, para despertarnos con hambre.
  • Regímenes drásticos e inadaptados. Evitar los regímenes inadaptados y monotemáticos. Comer en función de la temporada del año, siguiendo las reglas descritas anteriormente, evitando los errores más comunes y dedicándole tiempo a la comida.
  • Desequilibrio de sabores. Tener una alimentación equilibrada en cuanto a sabores, equilibra los órganos del cuerpo. Generalmente los sabores dulces, salado y acido son los más abundantes y los más consumidos. Introducir el sabor amargo y picante en pequeña cantidad, para que el cuerpo trabaje en harmonía.